¡Qué caos! ¿Qué pasa con mi cuerpo?
Desde el instante en que el bebé se forma en el útero y empieza a crecer el organismo de la madre se revoluciona. El bebé necesita ese cambio hormonal drástico de la madre para mantenerse seguro, tener espacio para ir creciendo y energía y alimento para desarrollarse. Y su mamá, feliz por el nuevo embarazo, puede no entender que su cuerpo no le responda como antes. No te preocupes, ¡es normal! Sólo necesitás tomártelo con calma, descansar y no agobiarte por los cambios naturales que tu cuerpo te pide para la protección del bebé.
El primer trimestre
El cambio físico más notorio en esta primera etapa es el aumento de tamaño de los pechos y el oscurecimiento de los pezones por la pigmentación. Los otros cambios físicos son más invisibles: un agotamiento permanente, mucho sueño a partir de las últimas horas de la tarde y la necesidad de dormir siesta. Se debe al enorme esfuerzo que hace tu cuerpo para ajustarse al crecimiento complejísimo y rápido del bebé. Es lógico que necesites descansar y necesario que se lo permitas al cuerpo. Es momento de bajar la pelota, reducir los programas nocturnos, permitirte siestas cortas, pasar algún tiempo extra por las mañanas en la cama. Sin culpas.
Las náuseas también son moneda corriente en este primer trimestre a causa de los cambios hormonales. Si bien no hay forma de evitarlas sí podrás ayudarte con un plan de alimentación adaptado a ti como por ejemplo evitar ciertas comidas que te den aversión (por más que haya sido tu favorita hasta la semana anterior), comiendo en pocas cantidades alimentos como nueces, galletitas al agua, limonada. Tendrás que ir experimentando para ver qué alimentos tolerás, cuál es el mejor momento del día para comerlos y en qué cantidades. No conviene comer porciones grandes, pero tampoco mantenerse en ayunas, y menos durante la mañana. A lo mejor te resulta mejor desayunar y mantenerte acostada unos minutos. Llevá siempre algo en la cartera porque nunca sabrás cuando tu cuerpo te lo pida. También es muy normal que sientas ganas permanentes de ir al baño, debido a los cambios hormonales y al menor espacio para la vejiga. Además, las secreciones vaginales tienden a ser más abundantes y pueden darse molestias leves en la pelvis. Todavía no sobresale la panza, pero sí irás perdiendo la forma y cintura.
Tip: Una siesta de 15 minutos puede desarrollar tu estado de alerta y mejorar tu habilidad cognitiva. Además, tiene un efecto reparador inmediato.
El segundo trimestre
Se podría decir que es el trimestre más disfrutable porque ya quedaron atrás los malestares, los cambios hormonales ya se estabilizan, y empieza a aparecer la panza y a sentirse los movimientos del bebé. Y todavía no surgen las molestias propias del último trimestre debido al peso y al tamaño del bebé. Todavía estás ágil, en control de tu cuerpo y poco cansada. Es normal que te sientas más torpe y que haya movimientos que no controlás, esto es por la hormona relaxína.
A nivel físico es común el sangrado de las encías, las secreciones nasales, el ardor de estómago, y los cambios grandes en el pelo, puede adquirir más cuerpo y brillo o volverse seco y ralo. Aparece la línea negra en el abdomen y el cloasma o máscara del embarazo que es una mancha en la cara. También pueden ser frecuentes los desvelos durante la noche.
El tercer trimestre
El tercer trimestre es el más “pesado” a nivel físico: las piernas suelen hincharse más que en los meses anteriores y se vuelven pesadas, es bueno ponerlas en alto cuando te sientes y hacerte masajes de drenaje linfático para aliviar molestias. Empieza a pesar la panza y a hacerse más difícil mantenerse en pie porque los dolores de espalda se acentúan. Otros de los efectos secundarios del tamaño pronunciado del abdomen en este trimestre es la acidez a la hora de acostarse. Por eso es mejor comer poco por las noches y consumir alimentos que no generen ardor en la garganta. Otros de los rasgos típicos es el aumento de la transpiración, las ganas frecuentes de orinar, la secreción del calostro en los pechos y sentir las contracciones uterinas de Braxton Hicks.
Por otro lado, los nervios del tramo final pueden ser agotadores y desgastar a nivel emocional. Tómatelo con mucha calma e intentá pensar en positivo y relajarte con las prácticas de respiración que te servirán luego en el parto. Las técnicas como el yoga, las caminatas, los masajes, escuchar música serena y respirar, son todas técnicas muy útiles.
Tip: Cuidar la postura y hacer ejercicios de estiramiento mejorará tu flexibilidad y te hará sentir más relajada.
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